Pequeños tesoros para un turista que quiere ser viajero (inicio)

Cuando realizamos un viaje de turismo por regla general hay una imagen icónica que nos ha despertado el deseo de realizar esa visita. La Torre Eiffel, las imagenes de los rascacielos en Nueva York, El Coliseo de Roma, El Puente de la Torre de Londres, La Catedral de San Basilio en Moscú, La Sagrada Familia en Barcelona…

Sin embargo más allá de esos iconos por excelencia para el viajero existen otros menos conocidos e incluso desconocidos para el gran publico y que muchas veces su contemplación produce una satisfacción especial, que puede ser la de ser consciente de estar ante un objeto que ha supuesto la transformación de nuestra cultura o el disfrutar de unas vistas que no están nombradas en ninguna guía y sentirnos descubridores.

New York City, Midtown Manhattan, New York Pub...
New York City, Biblioteca Publica de Nueva York, Stephen A. Schwarzman Building, 1897-1911. 5th Avenue (Photo credit: (vincent desjardins))

Me gustaría comenzar esta serie no con un monumento arquitectónico sino con algo más sencillo. Si alguna vez visitan Nueva York, en la Quinta Avenida a la altura de la calle 42 nos encontramos con la Biblioteca Publica de Nueva York , una de las visitas más económicas cuando uno visita la Gran Manzana, ya que como cuota de entrada solo se exige una cosa: curiosidad.

El edificio Stephen A. Schwarzman como es conocido la sede de la biblioteca publica en Nueva York empezó su construcción con la colocación de la primera piedra el 10 de Noviembre de 1902. En 1906 se terminó de colocar el techo y posteriormente durante cinco años se procedió a la elaboración del diseño de interiores poniendo cerca de 75.000 estanterías, colocándose más de un millón de libros para su inauguración el 23 de Mayo de 1911.

Ahí, entre esos libros, está una de esos tesoros, al verlo seguro que pensamos que aquellos que lo realizaron en el año 1455 entre los meses de marzo y noviembre no eran conscientes de las repercusiones que iba a tener su trabajo. Se calcula que de este tesoro se realizaron unos ciento ochenta ejemplares de los cuales sobreviven unos cuarenta y cinco con sus características originales intactas

Estamos hablando del primer libro impreso con caracteres móviles, la Biblia de Gutenberg, el ejemplar que podemos admirar en la Sala Gottesman llegó a los Estados Unidos en 1.847. Con toda seguridad cualquier incunable de la Edad Media tendrá una presentación más bella y admirable. Pero lo importante de estar frente a este ejemplar no es una cuestión de belleza en si, sino de las consecuencias que supuso para la humanidad. Hasta ese momento los conocimientos que había en los libros sólo eran accesibles para una minoría. Ese humilde libro es responsable de una tecnología que democratizó la cultura y los conocimientos a un sector más amplio de la población. Convirtiendose en la primera piedra de una reacción en cadena que ha llegado hasta las letras que están leyendo en este momento.

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